
Yo lo he vivido en primera persona. Trabajo como funcionario en la local desde hace más de diez años, y durante los últimos tres he sufrido acoso laboral o mobbing por parte de un superior directo. Al principio pensé que era mala suerte, pero la situación se fue repitiendo: me asignaban tareas imposibles, me excluían de reuniones clave y recibía críticas constantes delante de compañeros. El mobbing de empleados públicos es un problema real y silencioso, porque muchos no se atreven a denunciar por miedo a represalias o a que su carrera se estanque.
Lo primero que hice fue documentar todo. Cada comentario, cada correo, cada orden absurda. Eso es fundamental porque en la administración la palabra de uno contra la de otro no basta; necesitas pruebas. Después hablé con el delegado de prevención de riesgos laborales, que me informó de que el mobbing está tipificado como riesgo psicosocial. También acudí al servicio de salud laboral, donde me dieron de baja por ansiedad. El proceso no es rápido, pero hay protocolos. En mi caso, la Inspección de Trabajo abrió un expediente después de que presentara una denuncia formal.
Si estás en una situación similar, te recomiendo que no lo afrontes solo. Busca apoyo en el comité de empresa, en compañeros de confianza y, si es necesario, en un abogado especializado en derecho administrativo. Los empleados públicos tenemos más protección que los privados gracias al Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP), que reconoce el derecho a la dignidad y a la no discriminación. Pero la clave está en romper el silencio. A continuación, te pongo una tabla con las conductas más habituales que he ido recopilando:
| Tipo de conducta | Ejemplo concreto | Frecuencia en mi caso |
|---|---|---|
| Aislamiento social | No invitarme a reuniones de equipo | Semanal |
| Descrédito profesional | Atribuirme errores que no cometí | Diario |
| Sobrecarga de trabajo | Encargarme plazos imposibles sin recursos | Constante |
| Amenazas veladas | Comentarios sobre mi futuro en el puesto | Mensual |
Recuerda que no estás solo y que existen recursos. La Unidad de Igualdad y Prevención del Acoso de tu organismo puede ser un primer paso. Yo tardé un año en denunciar, pero ahora el proceso está en marcha y me siento más aliviado.

Desde mi experiencia en el sindicato, he atendido decenas de casos de mobbing en empleados públicos. La principal barrera es el miedo, pero también el desconocimiento de los canales. Muchos funcionarios no saben que existe un protocolo específico contra el acoso laboral en la mayoría de administraciones. Si te ocurre, acude a tu delegado sindical: te ayudaremos a redactar la denuncia y a recopilar pruebas. También podemos solicitar la mediación antes de llegar a la vía judicial. No esperes a que pase más tiempo, cuanto antes actúes, más fácil será demostrar el patrón de acoso.

Como responsable de recursos humanos en un ayuntamiento, he visto cómo el mobbing afecta al clima laboral y a la productividad. La prevención es clave. Desde hace dos años aplicamos una encuesta anónima de riesgos psicosociales cada seis meses. Si detectamos algún indicio, activamos el protocolo de inmediato. El mayor problema es la falta de formación en los mandos intermedios. Por eso hemos implementado talleres obligatorios sobre liderazgo respetuoso y comunicación no violenta. Los resultados están siendo positivos, pero aún queda mucho por hacer. Si eres responsable de equipo, revisa cómo tratas a tus subordinados: el mobbing muchas veces empieza por microgestión o comentarios despectivos.

Soy asesor jurídico y he llevado varios casos de mobbing en la función pública. La clave está en la prueba. A diferencia del despido improcedente, en el acoso laboral la carga de la prueba es compartida: el empleado debe aportar indicios razonables, y la está obligada a demostrar que no hubo acoso. El artículo 14 de la Constitución española protege la dignidad, y el EBEP refuerza este derecho. Si tienes correos, testigos o informes médicos que vinculen tu ansiedad con el entorno laboral, tienes muchas posibilidades. No te dejes llevar por la desesperación: el plazo de prescripción para denunciar es de un año desde el último episodio, pero es mejor actuar cuanto antes.

Desde la psicología, el mobbing en empleados públicos genera un desgaste emocional enorme. La incertidumbre laboral y la falta de apoyo institucional agravan el estrés. He visto a personas desarrollar síndrome de burnout, depresión e incluso trastornos de ansiedad crónicos. Lo más importante es priorizar tu salud mental: busca terapia psicológica especializada en acoso laboral. Además, técnicas como el mindfulness o el


