
La subida del salario mínimo interprofesional (SMI) en España, prevista para 2026, no es un simple incremento lineal en el bolsillo del trabajador. Aunque el aumento bruto anual supone una mejora, los empleados también verán cambios en las cotizaciones a la Social, en el IRPF y, en algunos casos, en la pérdida de ciertos beneficios ligados a umbrales de renta. Para ser exactos, un trabajador que pase de cobrar 15.000 € a 17.000 € brutos anuales puede experimentar una retención del IRPF mayor (pasando del 10% al 15% aproximado, según su situación familiar). Además, las cuotas de la Seguridad Social subirán ligeramente, aunque el empleador asume la mayor parte. Sin embargo, el neto final sigue siendo positivo: el incremento real en mano puede oscilar entre 1.200 y 1.800 € anuales, dependiendo de las circunstancias personales. Para ilustrarlo, presento una tabla comparativa con datos orientativos basados en las tablas fiscales y de cotización vigentes en 2025, proyectadas a 2026:
| Concepto | SMI 2025 (15.120 € brutos) | SMI 2026 (17.000 € brutos) | Variación |
|---|---|---|---|
| Cotización contingencias comunes (trabajador) | 1.058 € | 1.190 € | +132 € |
| IRPF anual estimado (soltero sin hijos) | 1.512 € | 2.550 € | +1.038 € |
| Neto anual | 12.550 € | 13.260 € | +710 € |
| Neto mensual (12 pagas) | 1.046 € | 1.105 € | +59 € |
Como se observa, el aumento neto mensual es modesto, pero la mejora en derechos laborales (base de cotización más alta) repercute en futuras prestaciones por desempleo o jubilación. Por tanto, el empleado paga más en impuestos y cotizaciones, pero a cambio gana en protección social y poder adquisitivo, siempre que la inflación no erosione el incremento.

Yo, que trabajo en un pequeño comercio a media jornada, ya estoy viendo que mi jefe está ajustando horarios para no superar el nuevo umbral. El aumento del SMI me viene bien sobre el papel, pero en la práctica he perdido horas extra que antes me pagaban en negro. Ahora, con el sueldo base más alto, mi empleador dice que no puede asumir más gastos. Así que, al final, mi bolsillo apenas nota la diferencia. Lo que pago es tener menos flexibilidad y más riesgo de que me recorten jornada. No es justo, pero es la realidad de muchos en mi sector.


