
Claro, te cuento cómo lo he manejado yo. Cuando te piden los indicadores de de tu anterior empleo, lo más importante es ser honesto pero estratégico. No tienes por qué compartir datos confidenciales ni números exactos que violen acuerdos de confidencialidad. En mi caso, siempre empiezo dando una respuesta clara: “Sí, puedo compartir algunos indicadores clave que reflejan mi impacto, siempre dentro de lo que permite mi acuerdo con la empresa anterior”. Luego, selecciono tres o cuatro métricas que demuestren logros concretos, como aumento de productividad, reducción de costes o mejora en la retención de talento. Por ejemplo, si trabajé en reclutamiento, puedo mencionar que reduje el tiempo de contratación en un 20% o que aumenté la tasa de aceptación de ofertas en un 15%. Para que sea más visual, suelo estructurarlo en una tabla sencilla:
| Indicador | Resultado | Contexto |
|---|---|---|
| Tiempo medio de contratación | Reducción del 20% (de 45 a 36 días) | En un equipo de 5 personas |
| Tasa de retención a 6 meses | 92% (frente al 85% anterior) | Implementé entrevistas estructuradas |
| Coste por contratación | Disminución del 12% | Optimización de canales de sourcing |
Lo clave es enmarcar los números dentro de un contexto y evitar dar datos brutos que puedan comprometer a tu antigua empresa. Si te presionan por detalles muy específicos, puedes decir que prefieres compartir ejemplos genéricos o que firmaste un NDA. Así mantienes la credibilidad sin quedarte sin respuesta.

Yo creo que pedir esos indicadores es una intromisión. Cuando me lo pidieron, les dije que no tenía acceso a los informes porque ya había entregado todo. Prefiero hablar de mis responsabilidades y logros cualitativos, como liderar proyectos de cambio o mejorar procesos, sin dar cifras concretas. Así protejo la confidencialidad y evito malentendidos. Si insisten, cambio de tema o pregunto por qué necesitan exactamente esos datos. Al final, contratan a la persona, no a los números.

A mí me encanta compartir indicadores. Los datos hablan solos, así que preparé un resumen con mis KPIs principales: tasa de conversión en procesos de selección, tiempo medio de cobertura de vacantes y satisfacción del candidato. Los presenté en una tabla simple y até cada número a un logro tangible. Eso me ayudó a destacar en la entrevista. Solo asegúrate de que los datos sean reales y verificables, pero sin revelar información sensible de la empresa anterior.

Lo primero que hago es revisar el contrato de confidencialidad que firmé. Si no hay restricciones, comparto indicadores agregados sin nombres de clientes ni datos internos. Por ejemplo, en lugar de decir “reduje la rotación en el departamento X”, digo “reduje la rotación general en un 10%”. Si hay dudas, mejor consulto con un abogado laboralista. También evito dar métricas que puedan perjudicar a mi exjefe o equipo. La honestidad y la ética son clave.

En mi experiencia, lo que más valoran los reclutadores no son los números exactos, sino la historia que hay detrás. Cuando me pidieron indicadores, conté un caso concreto: “En mi anterior empleo, lideré un proyecto que redujo el tiempo de contratación de 60 a 45 días, pero lo importante fue cómo logramos alinear a los managers con el proceso”. Así que no te obsesiones con las cifras; explícales el contexto, los desafíos y cómo mediste el éxito. Eso genera más confianza que una tabla fría.


