
Claro, el principal problema ambiental de los refrigerantes antiguos, como los CFC (clorofluorocarbonos) y los HCFC (hidroclorofluorocarbonos), era su capacidad para destruir la capa de ozono. Estos compuestos, muy utilizados en aires acondicionados y neveras hasta los años 90, subían a la estratosfera y liberaban átomos de cloro que reaccionaban con las moléculas de ozono (O₃), descomponiéndolas. Un solo átomo de cloro podía destruir hasta 100.000 moléculas de ozono antes de desactivarse. Esto provocó el adelgazamiento de la capa de ozono, sobre todo en la Antártida, aumentando la radiación ultravioleta (UV-B) que llega a la Tierra. La radiación UV-B extra causa cáncer de piel, cataratas y daños en los ecosistemas marinos. Por eso, el Protocolo de Montreal (1987) prohibió progresivamente los CFC y los HCFC, sustituyéndolos por refrigerantes menos dañinos como los HFC (aunque estos también tienen un alto potencial de calentamiento global). Para que te hagas una idea de la magnitud:
| Tipo de refrigerante | Potencial de agotamiento del ozono (PAO) | Ejemplo |
|---|---|---|
| CFC-11 | 1,0 | Neveras viejas |
| CFC-12 | 0,82 | Aire acondicionado coche años 80 |
| HCFC-22 | 0,055 | Equipos hasta 2010 |
| HFC-134a | 0 | Sustituto actual (pero alto GWP) |
En resumen, el problema no era solo el ozono: también contribuían al efecto invernadero, pero el agujero de ozono fue la alerta que movilizó a la comunidad internacional.

Pues mira, en mi casa teníamos una nevera de los años 70 que funcionaba con R-12. Recuerdo que mi padre decía que si se escapaba, olía un poco a éter. Pero lo gordo es que esos gases, cuando se liberaban, subían al cielo y rompían la capa que nos protege del sol. Menos mal que los cambiaron, porque en la playa notábamos que te quemabas más rápido. Ahora con los nuevos refrigerantes, al menos, no agujerean la atmósfera, aunque algunos calientan el planeta.

Soy de la generación que vivió la alerta del agujero de ozono en los informativos. Recuerdo comprar aerosoles con etiquetas que decían "libre de CFC". El problema ambiental de los refrigerantes pasados era doble: primero, agotaban el ozono; segundo, tenían un altísimo potencial de calentamiento global. Por ejemplo, el R-22 (HCFC) aún se usaba hasta hace poco, pero ya está prohibido en equipos nuevos. La transición no fue fácil, pero el Protocolo de Montreal es un ejemplo de cooperación mundial exitosa. Ahora el foco está en los HFC, que aunque no dañan el ozono, son potentes gases de efecto invernadero.

El problema más grave era que los CFC, al destruir el ozono estratosférico, dejaban pasar más radiación UV-B. Esto no solo afecta a la salud humana (cáncer de piel, cataratas), sino también al fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina. Además, los refrigerantes antiguos como el CFC-11 y el CFC-12 tienen una vida atmosférica de 50 a 100 años. Aunque dejamos de producirlos, los que ya están en la atmósfera siguen haciendo daño. La buena noticia es que la capa de ozono se está recuperando a un ritmo de aproximadamente un 1-3% por década, según la ONU.


