
Lo primero que debes saber es que una carta de presentación no es un resumen de tu currículum, sino una herramienta para conectar con la empresa y mostrar por qué encajas en ese puesto concreto. Para redactarla bien, piensa en tres pilares: personalización, concisión y valor añadido. Empieza siempre con un saludo dirigido al reclutador (si no sabes el nombre, usa "Estimado equipo de selección"). En el primer párrafo, explica por qué te interesa la empresa y el puesto; no copies frases genéricas. En el cuerpo, destaca un logro medible que demuestre tu impacto, por ejemplo: "En mi anterior empleo, aumenté la retención de clientes un 15% en seis meses". Si tienes datos numéricos, mejor. Cierra con una llamada a la acción, como "Me encantaría conversar en una entrevista para profundizar en cómo puedo contribuir a su equipo".
Según el Informe de Tendencias de Contratación 2025 de LinkedIn, el 76% de los reclutadores valoran positivamente una carta personalizada frente a una genérica. Además, el 61% descarta candidatos si la carta contiene errores ortográficos. Para que sea más visual, aquí tienes una estructura recomendada:
| Sección | Contenido clave | Longitud orientativa |
|---|---|---|
| Saludo | Personalizado o genérico profesional | 1 línea |
| Introducción | Motivación y conexión con la empresa | 2-3 líneas |
| Desarrollo | Logro concreto + habilidades relevantes | 4-6 líneas |
| Cierre | Agradecimiento y llamada a la acción | 2-3 líneas |
Evita los párrafos largos y las frases hechas como "soy una persona trabajadora". En su lugar, usa verbos de acción y datos. Recuerda que la carta debe ocupar como máximo una página y usar un tono profesional pero cercano, sin ser demasiado informal.

Yo he enviado decenas de cartas hasta dar con la tecla. Mi consejo: no uses plantillas de internet sin más. Una vez adapté una carta genérica para un puesto de marketing y ni siquiera mencionaba la empresa; ni me llamaron. Ahora escribo a mano los primeros borradores, aunque luego los pase a ordenador. Lo que mejor me funciona es empezar con un gancho: una anécdota breve que relacione mi experiencia con el problema que la empresa quiere resolver. Por ejemplo, "Cuando vi que buscaban a alguien para mejorar su proceso de onboarding, recordé cómo reduje el tiempo de formación un 30% en mi anterior equipo". Eso engancha. Y no te olvides de revisar la ortografía: una coma mal puesta te puede costar la entrevista.

Conseguí mi primer trabajo gracias a una carta que escribí con mucho cuidado. Lo más importante fue investigar la empresa a fondo y mencionar un proyecto concreto que habían lanzado ese año. En la carta dije que admiraba su enfoque en sostenibilidad y que yo había coordinado una campaña similar en la universidad. El reclutador me dijo después que eso marcó la diferencia. No te limites a copiar y pegar; cada carta debe ser única. Si no sabes por dónde empezar, busca el nombre del responsable de selección en LinkedIn y dirígete a él directamente. Eso demuestra iniciativa y respeto.

Desde el lado de la selección, te digo: lo que más valoro es la claridad. Si en 10 segundos no veo por qué debería seguir leyendo, la carta va a la papelera. Escribe como si hablaras con un colega profesional: sin florituras, pero con educación. Un truco: menciona una palabra clave del anuncio de empleo en el primer párrafo, así demuestras que has leído la oferta. Por ejemplo, si buscan " de equipos", di "Mi experiencia gestionando equipos de hasta 10 personas me ha preparado para...". También evita mencionar tu edad o situación personal salvo que sea relevante. Y si no tienes mucha experiencia, céntrate en tus habilidades transferibles y en tu actitud de aprendizaje.


