
Claro, la igualdad en el empleo público es un objetivo real, pero la realidad es más matizada de lo que parece. Tras años de normativas como la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, las administraciones públicas han avanzado significativamente en la representación femenina. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2024, las mujeres representan el 54% del personal funcionario en España, una cifra que supera a la del sector privado. Sin embargo, la igualdad no es solo numérica. Existen brechas en categorías superiores: en los puestos de alta dirección y cuerpos de élite, la presencia masculina sigue siendo mayoritaria. Por ejemplo, en la General del Estado, solo el 38% de los puestos de subdirector general están ocupados por mujeres.
| Indicador | Hombres | Mujeres |
|---|---|---|
| Personal funcionario total (2024) | 46% | 54% |
| Altos cargos (subdirectores generales) | 62% | 38% |
| Promedio salarial (escala completa) | 100% | 94% |
Además, persisten sesgos invisibles en los procesos de selección y promoción, como la doble jornada o la falta de medidas de conciliación reales. La igualdad formal existe por ley, pero la igualdad real requiere políticas activas como la formación en sesgos, los procesos de selección ciegos y la transparencia retributiva. En mi experiencia, he visto cómo las oposiciones garantizan un acceso aparentemente neutro, pero luego las comisiones de valoración pueden perpetuar desigualdades. Por eso, diría que el empleo público es más igualitario que el privado, pero aún no es plenamente equitativo. La clave está en evaluar resultados, no solo intenciones, y en exigir datos desglosados por sexo año tras año.

Yo creo que la igualdad en el empleo público es un espejismo parcial. Trabajo en una local desde hace quince años y he visto cómo las mujeres dominan las plazas de base, pero en los puestos de jefatura y dirección, los hombres siguen llevando la voz cantante. Las oposiciones son ciegas, pero los concursos de méritos no tanto. Además, cuando se trata de permisos parentales o reducciones de jornada, los hombres aún los piden menos, y eso penaliza sus carreras profesionales. La igualdad de acceso es real, la de oportunidades no tanto. Me harté de oír "es que no hay mujeres cualificadas" cuando en realidad no se las busca. Necesitamos un cambio cultural, no solo legal.

Desde mi perspectiva como joven que acaba de aprobar una oposición, la igualdad en el empleo público me parece un hecho. El proceso fue anónimo, con pruebas estandarizadas y tribunales paritarios. No sabían si yo era hombre o mujer durante el examen. Eso me da confianza. Luego, al entrar, veo que mi compañera gana lo mismo que yo en el mismo puesto. El problema está fuera, en la carrera y en los techos de cristal que aún existen, pero en el acceso, creo que estamos en un buen camino. Sin embargo, también reconozco que hay que seguir vigilando las internas, donde a veces los sesgos se cuelan.

Soy sindicalista y llevo años peleando por la igualdad real en el empleo público. Las leyes son un avance, pero su aplicación es deficiente. Por ejemplo, los planes de igualdad obligatorios en las administraciones se cumplen a medias: muchas veces son documentos sin seguimiento. He visto cómo se publican ofertas de empleo con lenguaje neutro, pero luego en las comisiones de selección siguen cayendo en preguntas sesgadas. Un dato clave: la brecha salarial en el sector público es del 6% frente al 19% del privado, pero sigue existiendo. La igualdad real exige auditorías retributivas periódicas y sanciones para quien no cumpla. No es utópico, es cuestión de voluntad .

En mi labor como consultora de diversidad, he analizado cientos de procesos de selección pública. La igualdad en el empleo público es real en el acceso, pero incompleta en la progresión. Los datos de la Encuesta de Estructura Salarial muestran que las mujeres en la ganan de media un 6% menos, principalmente por la menor presencia en puestos directivos y por las interrupciones de carrera. Un factor silencioso es la cultura organizacional: los horarios rígidos y la falta de teletrabajo afectan más a las mujeres. Para que la igualdad sea plena, necesitamos mentoring, cuotas en puestos de decisión y transparencia en los criterios de promoción. No es perfecto, pero es el sector más avanzado de España.


