
Para conseguir un empleo de prácticas, lo clave es combinar una estrategia digital activa con un enfoque en redes de contacto. No basta con enviar currículums; hay que demostrar proactividad. En mi experiencia, lo primero es tener un perfil de LinkedIn optimizado: foto profesional, titular claro con el área de interés y un resumen que destaque tus habilidades, incluso si son de proyectos académicos. Luego, investiga las empresas que te interesan y sigue sus páginas; muchas publican ofertas de prácticas antes que en portales genéricos.
Otro paso fundamental es personalizar cada solicitud. No uses plantillas genéricas. Adapta tu carta de presentación a la cultura y los valores de la empresa. Por ejemplo, si es una startup tecnológica, menciona tu experiencia con herramientas ágiles; si es una consultora, destaca tu capacidad analítica.
Según el último informe de Infoempleo (2024), el 45% de las ofertas de prácticas en España se cubren a través de contactos personales o recomendaciones. Por eso, asistir a ferias de empleo universitarias y eventos sectoriales sigue siendo una de las vías más efectivas. También recomiendo apuntarse a programas de becas de fundaciones como la Fundación Universidad-Empresa, que conectan estudiantes con empresas.
| Estrategia | Tasa de éxito estimada |
|---|---|
| Solicitudes personalizadas | 30% |
| Contactos/recomendaciones | 45% |
| Portales de empleo genéricos | 15% |
| Prácticas curriculares (convenio) | 10% |
Un error común es no preparar la entrevista. Investiga preguntas típicas de prácticas, como «¿por qué quieres trabajar aquí?» o «¿qué esperas aprender?». Practica respuestas breves y sinceras. Por último, no te limites a las prácticas remuneradas: las no remuneradas suelen ser la puerta de entrada a sectores muy competitivos, como comunicación o moda. Lo importante es demostrar actitud y ganas de aprender durante el proceso.

Yo lo veo diferente: no esperes a que te llamen, ve a buscarlos. En mi caso, lo que funcionó fue contactar directamente por email a los responsables de RRHH de las empresas que me gustaban, incluso sin oferta publicada. Les expliqué brevemente por qué quería hacer prácticas allí y adjunté mi CV. De cada diez emails, al menos dos respondían y uno me invitaba a una entrevista. Es un poco de «cara dura», pero en España el networking directo sigue siendo muy valorado. También me apunté a grupos de LinkedIn de mi sector y participaba en debates; así algún reclutador me escribió primero.

Desde mi perspectiva, lo académico no lo es todo. En mi carrera, las prácticas las conseguí aprovechando los convenios de mi universidad. Muchas empresas tienen acuerdos con facultades y publican plazas que no aparecen en portales públicos. Hablé con el departamento de prácticas de mi facultad y me orientaron sobre qué empresas buscaban estudiantes de mi perfil. Además, me presenté a concursos de casos organizados por empresas; ganar uno me abrió las puertas a una entrevista. Es cuestión de investigar los recursos que ya tienes antes de mirar fuera.

A mí me sirvió enfocarme en mis habilidades técnicas y mostrarlas con un portafolio. No tengo mucha experiencia laboral, pero sí proyectos de clase y voluntarios. Creé un sitio web sencillo con ejemplos de mis trabajos —análisis de datos, informes, incluso un pequeño blog— y lo incluí en mi CV. En las entrevistas, los reclutadores valoraban que pudiera demostrar lo que sabía hacer más que mis notas. También me formé en herramientas digitales como Excel avanzado o Canva; son habilidades que muchas empresas buscan en prácticas y que marcan la diferencia.

Lo que a mí me funcionó fue cambiar de estrategia tras varios rechazos. Al principio solo enviaba CVs a portales, pero luego entendí que el perfil en LinkedIn debe estar en inglés aunque la oferta sea en España. Muchas empresas multinacionales buscan candidatos bilingües. Actualicé mi titular, añadí palabras clave como «digital marketing intern» y empecé a seguir a reclutadores de mi sector. También me uní a webinars gratuitos de empresas; al final solían publicar vacantes exclusivas para asistentes. La clave fue ser constante y no rendirme después de los primeros «no».


