
Claro, te lo explico directamente. El microfilmado se empleaba en la de candidatos como una solución de almacenamiento masivo y seguro antes de la digitalización total. En las décadas de 1980 y 1990, las empresas de selección de personal utilizaban microfilms para reducir el espacio físico de los expedientes en papel. Los documentos de cada candidato —currículums, cartas de recomendación, resultados de pruebas psicotécnicas— se fotografiaban en películas de 16 mm o 35 mm. Esto permitía conservar hasta miles de documentos en un solo carrete, ocupando una fracción del espacio de un archivo tradicional.
El proceso implicaba un escaneo óptico mediante una cámara especializada, y luego los carretes se almacenaban en cajas identificadas por fecha o apellido. Para consultar un perfil, el reclutador debía localizar el carrete, insertarlo en un lector de microfilm y avanzar manualmente hasta encontrar la imagen. Era un sistema eficiente para la época, pero con limitaciones: la búsqueda era lenta, no permitía indexación por palabras clave y requería un mantenimiento cuidadoso para evitar rayones o deterioro. Aunque hoy parece obsoleto, el microfilmado fue un antecesor clave de los sistemas de gestión de candidatos (ATS) que usamos ahora.
| Aspecto | Microfilmado (años 80-90) | ATS digital (2026) |
|---|---|---|
| Capacidad de almacenamiento | 1 carrete = ~2.000 documentos | Ilimitado en la nube |
| Velocidad de búsqueda | 5-15 minutos por candidato | Segundos con filtros |
| Coste inicial | Alto (cámara + lector) | Suscripción mensual baja |
| Seguridad | Física (riesgo de incendio) | Cifrado y copias de seguridad |
En mi experiencia, muchas consultoras de recursos humanos en España adoptaron el microfilmado para cumplir con la normativa de conservación de datos laborales (Ley de Protección de Datos de 1999). Sin embargo, su uso decayó con la llegada de los escáneres digitales y el software de gestión documental a principios de los 2000. Hoy, es una curiosidad histórica, pero entenderlo ayuda a valorar la eficiencia de los procesos actuales.

Pues mira, yo empecé en una agencia de empleo en 1995 y lo que más recuerdo del microfilmado era lo pesado que resultaba. Cada vez que un cliente pedía un candidato específico, tenías que rebuscar entre los carretes, y si no sabías el año exacto, podías perder horas. A veces las imágenes salían borrosas y tenías que volver a microfilmar. Pero era mejor que tener montañas de papel apiladas. Lo usábamos sobre todo para expedientes de candidatos que ya habían trabajado con nosotros, porque guardar los papeles de todos los que se presentaban era imposible.

Desde una perspectiva más técnica, el microfilmado en RR.HH. seguía un flujo muy concreto: primero se preparaban los documentos en lotes, se les asignaba un número de referencia y se fotografiaban con una cámara rotativa. Luego, los carretes se revelaban y se verificaba la calidad de la imagen. Un detalle que pocos recuerdan es que el microfilm servía como prueba legal en caso de sobre procesos de selección. Por eso, algunas empresas mantuvieron el sistema hasta bien entrada la década de 2010, a pesar de tener ya ordenadores.


